10.5.11

iván cabrera cartaya / 4 poemas

la matricaria

Viste en la despojadura compacta del extrarradio, la flor alba-pálida y amarillosa de la matricaria.

Tu pensamiento acogió entonces la caliente esperanza de caer una tarde sobre sus pétalos, en la paz completa de ya no tener que vivir.

Bajo el telón trágico de tus párpados, aspiraste fuerte el olor amargo del desprecio humano, la mácula de los hombres.

El viento del sur desligó el artejo plateado de los cirros.

La matricaria envolverá tu tímido deseo, tu escueta petición. Tus plegarias serán atendidas en la orgía frenética de un instante deleitoso: la ocasión de todo cumplimiento.




medición del espíritu en lenguaje

He querido medir mi espíritu
en los vocablos de este idioma,
como ése que –en la piel de un muro–
pretende calibrar
la altura de una sombra;
la sombra que,
cuando cae la tarde,

y los colores
abdican de sí mismos
en el más lúgubre silencio,
vierte su contenido
en la indistinta suma
de lo que permanece oculto
y no es visible para nadie.




partición del vaso sombrío

Intuye
que en la noche recién inaugurada
es parte de una trama
para la que fue, minuciosamente,
escogido entre sombras; pero
sin su consentimiento.

El alma
no sólo sabe de delirio,
también conoce la agonía.

Quizá tan sólo ha comenzado
a darse cuenta
de que las flores son de barro
cuando las toca la mirada
para soñarlas en el fuego
o devoradas por el polvo.

Pero no habla de flores
ni de barro; no piensa en polvo
ni en sueños.

Apenas ha empezado
a inmiscuirse en los pórticos brumosos
que alza una mano de tiniebla
con pretensión arquitectónica,
con voraz vocación de fundadora.

Y levemente ha sonreído.

Rompe la oscuridad
como el cristal de un vaso
en las piedras de un muro
para luego extenderse, seminal,
en insaciables trozos transparentes.




palabras a un barquero sobre el mar silencioso

Yo no sé si precisamente
mueves los remos al revés
porque las olas retroceden.

En las gargantas de los muertos
envejecen los vinos
más ácidos del mundo.

En esta tierra
crecen las ruinas
igual que la serpiente
del Génesis.

Sales de noche
para juntar un ramo de delirio
con gencianas azules
y negras amapolas.

Tu rostro está borrándose
tras dedos enrejados.

Hay sonrisas que duelen,
y cortas dedos de ángeles
para cerrar
los párpados de Dios.





Iván Cabrera Cartaya (Tenerife, 1980) ha cursado estudios de Filología Hispánica y de Filosofía en la Universidad de La Laguna. Colabora habitualmente con poemas, ensayos, relatos, reseñas, entrevistas y notas en la prensa insular y en revistas como Can Mayor, Vulcane, Piedra y Cielo, Cuadernos del Ateneo, La alegría de los naufragios, Transparencias, La salamandra ebria, Cuadernos Hispanoamericanos, Isla negra, Kafka, Nexo, Poesía digital y en el Anuario del Instituto de Estudios Canarios. Ha publicado los relatos Famara (2006), Tarde de un día (2009), Habla Mnesárquides (2010) y Retrato moral de un extraño (en preparación), y los libros de poemas Arena (2001), Obsidiana (2004), Fragmentos de sentido (2006), Bajo el cielo innumerable (2007), Cariátides (2007), Un sueño de esplendor (2010), Diálogo en el desierto (en preparación), y el libro de entrevistas Bajo la bóveda del tiempo. Conversaciones con Miguel Martinón (2009), además de realizar el prólogo para la reedición del libro La vida de Rubén Darío escrita por el mismo seguida de Historia de mis libros (2007) y colaborar en la realización de la Enciclopedia de la Literatura Canaria (2007). Está a punto de aparecer su primer volumen diarístico, Apuntes para seducir al ruiseñor. Poemas suyos han sido traducidos al italiano por el crítico Valerio Nardoni. Es profesor de español para extranjeros y ha realizado guiones para documentales de arquitectura en Canarias.
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